CELAM | Documento de Medellín (1968)
Documento completo aquí.
En
el contexto latinoamericano, el Concilio Vaticano II con su impulso de
renovación eclesial, su espíritu de libertad y confianza, su profunda fe en la
presencia del Señor en la Historia, hizo sentir su influencia a través del
acontecimiento eclesial más importante del siglo XX que fue la II Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano de Medellín la que transcurrió de agosto
a setiembre 1968. Este encuentro de alguna manera quiso ser la aplicación del
Concilio Vaticano II a América Latina. Por primera vez en una Asamblea General
se encontraban obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. Fue una manera
práctica de vivir la colegialidad de la Iglesia, promovida por el Concilio, en
un ambiente de confianza donde se pensaba más en la unidad que en las posibles
discrepancias. Es importante mencionar que Juan XXIII propuso en diferentes
alocuciones previas y al inicio de los trabajos del Concilio Vaticano II, 3
grandes temas ejes para el mismo:
1. La apertura al mundo en transición
2. La unidad de los cristianos
3.
La Iglesia abocada a los pobres
El
Concilio fue más sensible a los dos primeros temas ya que los participantes más
activos, se sentían más cómodos y con mejores instrumentos teológicos para
hacerles frente. Se podría decir que el terreno no estaba todavía maduro para
ingresar en el tercer tema aunque sí, las perspectivas conciliares crearon el
espacio para experiencias y reflexiones en la línea de la Iglesia de los
Pobres. Los años que van de Vaticano II a Medellín (1965 – 1968) son vividos
con intensidad por la Iglesia latinoamericana.
Uno de los frutos más importantes de los años
post conciliares fue el surgimiento de comunidades cristianas de diversa índole
donde sus integrantes fueron descubriendo la posibilidad de ser parte activa de
la iglesia, los pobres van haciendo suya la Palabra de Dios, la celebración y
la comunidad va abriendo camino a Medellín. El Dios lejano aparece como un Dios
cercano y la iglesia pasa a ser el lugar donde los pobres empiezan a decir su
voz, aexpresar
su fe, sus problemas y sus anhelos. Comienza así mismo una nueva comprensión e
identificación a partir de la interiorización del concepto “somos Iglesia” y es de aquí y no de la reflexión sobre el
laicado de donde surge lo más rico de la experiencia eclesial en América Latina.
El pueblo latinoamericano va haciendo un proceso de toma de conciencia, de
apropiación y de participación como Pueblo de Dios en la Iglesia, no sin
conflictos, pero su participación en la tarea evangelizadora fue enriquecedora
no solo para ellos mismos sino también para la Iglesia toda. Pablo VI afirmará
que la Iglesia de América Latina reunida en la II Conferencia General
Episcopal, centró su atención en el hombre de este continente que vive un
momento decisivo de su proceso histórico, consciente de que “para conocer a
Dios es necesario conocer al hombre”.
A
los documentos de Medellín precedió un serio análisis y diagnóstico de la
situación general de los países latinoamericanos, con particular referencia a
los aspectos: económico, social, político y cultural que configuran el contexto
global de la vida en estos países. De este análisis surge que no solo existen
desigualdades, carencias y pobreza sino que aún más, “estas carencias y
miserias son la consecuencia de una situación de injusticia estructural derivada
de un orden social aberrante que está orientado al lucro económico de minorías
privilegiadas, quienes disfrutan de la riqueza y el poder y lo que resulta
verdaderamente grave a través del análisis, es que la educación latinoamericana
está orientada fundamentalmente “al mantenimiento de las estructuras
sociales y económicas imperantes, más que a su transformación Con Medellín,
la Iglesia que vive en América Latina se propone asumir una ruta que la defina
en la opción preferencial por los pobres. Pablo VI indica con nitidez lo que a
su juicio constituye el asunto central de la conferencia:
“el
aspecto social es el que más impresiona e interesa al mundo en general y al
latinoamericano en particular, donde existen intensas y profundas diferencias.
El clamor doliente de tantos que viven en condiciones indignas de seres
humanos, no puede dejarnos inactivos, no puede ni debe quedar, en cuanto nos
sea posible, desatendido ni insatisfecho”.
Tres
grandes áreas fueron abordadas en relación con el proceso de transformación del
continente: En primer lugar: el área de la promoción del hombre y de los
pueblos hacia los valores de la justicia, la paz, la educación y la familia. En
segundo lugar: se atendió a la necesidad de una adaptada evangelización y
maduración en la fe de los pueblos y sus élites, a través de la catequesis y la
liturgia. En tercer lugar: se abordaron los problemas relativos a los
miembros de la Iglesia, que requieren intensificar su unidad y acción pastoral
a través de estructuras visibles, también adaptadas a las nuevas condiciones
del continente. Son XVI los Documentos que surgen de la Conferencia y cada uno
plantea una temática particular y especifica. A la luz de Jesucristo, de su
persona y de su obra salvífica, se tiene que orientar la acción del cristiano y
la presencia de la Iglesia en sus cambios. Cada documento comienza con un
análisis de hechos y una puesta a punto de la realidad que está aconteciendo en
relación a la temática que va a abordar, para luego hacer una fundamentación
doctrinal o referencia en algunos casos a los principios teológicos y
finalmente dar en todos una serie de recomendaciones pastorales.
Documento I referido a la Justicia
Apunta
a denunciar la miseria y marginación de grande grupos humanos. Se dice que este
hecho colectivo es una injusticia que clama al cielo. Se denuncia la dificultad
de muchas familias para educar a sus hijos, la dificultad de los jóvenes que no
encuentran espacios de perfeccionamiento intelectual, la desigualdad de
derechos de la mujer, las condiciones de vida infrahumanas de los campesinos y
la imposibilidad de comercializar sus productos en condiciones económicas
adecuadas y favorables. También se menciona el éxodo de los profesionales a
países más desarrollados por falta de oportunidades laborales y finalmente la
realidad de los artesanos e industrias nacionales que van progresivamente a
depender de empresas multinacionales. Se destaca así mismo, la falta de
integración socio cultural y esta falta de respeto por las idiosincrasias de
las poblaciones, produce una superposición de culturas que no contemplan las
particularidades y necesidades de los diferentes pueblos de América Latina
.
En la fundamentación doctrinal
este documento hace una invitación y un llamado a la conversión haciendo
referencia a Jesús que viene a liberar a los hombres de las injusticias y el
odio que tienen origen en el egoísmo humano. Esta nueva conversión llevará
posteriormente al cambio de las estructuras opresoras. Enfatiza también que el
dinamismo que debe mover a los cristianos para realizar la justicia y
transformar el mundo es el amor. El amor como único móvil a partir de la
historia de salvación que se expresa en una acción de liberación integral y de
promoción del hombre en todas sus dimensiones. La búsqueda de la justicia es
unaexigencia de la enseñanza bíblica. La Iglesia tiene como fin y
responsabilidad, servir al mundo irradiando sobre él luz y elevando la dignidad
de la persona humana dando un significado más profundo a la actividad de los
hombres. En el apartado de proyecciones de pastoral social afirma que la misión
pastoral de la Iglesia debe conducir a que los hombres vivan con
responsabilidad su fe, tanto en su vida personal como social. La orientación
del cambio social debe promover que las clases populares tengan una
participación receptiva y activa en la construcción de una sociedad más justa.
Invita a las familias a asumir una función activa en el proceso del cambio
social organizándose económica y culturalmente para que sus legítimas
necesidades y aspiraciones sean tenidas en cuenta a través de representantes
que puedan promoverlas. Dirigiéndose específicamente a los obreros y campesino
enfatiza su valor como estructura intermedia en el campo de la producción.
Denuncia la opresión de América Latina entre 2 sistemas que canalizan su
economía: el sistema liberal capitalista que tiene como propósito la primacía
del capital, su poder y su discriminatoria utilización en función del lucro y
el sistema marxista que aunque ideológicamente sostiene un humanismo, mira más
bien al hombre colectivo y en la práctica se traduce en una concentración
totalitaria del poder del estado. El documento hace un llamado a los
empresarios para que modifiquen radicalmente la valoración, las actitudes y las
medidas con respecto a la finalidad, organización y funcionamiento de las
empresas buscando la activa participación de todos en la gestión de la empresa.
Se hace un llamado a los sindicatos como representantes de los colectivos de
trabajadores a formar moral, económica y técnicamente a quienes han de ejercer
estas responsabilidades. Expresa así mismo que el sector de los campesinos
requiere una atención urgente y la conferencia anima en especial a promoción
humana de las poblaciones campesinas e indígenas, sugiere la formación de
cooperativas como estructuras intermedias eficaces y la creación de centros
urbanos que permitan el acceso de la población campesina a los bienes de la
cultura, de la salud, de un sano esparcimiento favoreciendo el desarrollo
espiritual. Que puedan participar en las decisiones locales y en las que
inciden en la economía y política nacional. Anima a despertar la conciencia y
educación social integrándola a los planes pastorales de conjunto en sus diversos
niveles. La necesidad de promover la organización de cursos y encuentros como
medio de integrar a los responsables de las actividades sociales ligadas al
pastoral: sacerdotes, religiosos y laicos. La Iglesia pueblo de Dios deberá
prestar su ayuda a los desvalidos de cualquier tipo y medio social para que
conozcan sus propios derechos y sepan hacer uso de ellos. Promueve también la
ampliación de los alcances de Caritas más allá de ser una institución de
beneficencia a ser una institución promotora de procesos de desarrollo para
finalmente llamar a los laicos a hacer un buen uso y empleo de las técnicas y
medios de comunicación como instrumento necesario para la educación social y la
concientización en orden al cambio de estructura y la vigencia de la justicia.
Documento II referido a la
Paz
Expresa en su comienzo que el subdesarrollo es promotor de tensiones y
realidades que expresan una situación de pecado que atentan contra la paz. Se
sistematizan las tensiones en 3 grandes grupos: a nivel nacional se denuncian
distintas formas de marginalidad, desigualdades excesivas entre las clases
sociales que impiden sistemáticamente la satisfacción de las legítimas
aspiraciones de los sectores postergados. Son diferentes formas de opresión de
grupos o sectores dominantes que actúan con gran insensibilidad frente a la
miseria de los sectores marginados y que califican de subversivo todo intento
de cambiar un sistema social que favorece la permanencia de esos privilegios
recurriendo incluso a la fuerza para reprimir todo intento de reacción, sumado
a la creciente toma de conciencia de los sectores oprimidos de la desigualdad a
la que se encuentran sometidos. A nivel internacional atenta contra la paz la
dependencia de los países de Latinoamérica de los centros de poder económico
que distorsionan el comercio internacional promoviendo fuga de capitales
económicos y humanos, así como también las ganancias con el fin de evadir los
sistemas tributarios.
Así mismo
se denuncian los nacionalismos exacerbados, que no favorecen la solidaridad de
esfuerzos, conocimientos y medios financieros así como también la carrera
armamentista.La reflexión doctrinal sobre el tema resalta 3 notas que
caracterizan la concepción cristiana de la Paz: La paz supone la instauración
de un orden justo que respete la dignidad de todos y el derecho a sus legítimas
aspiraciones de realización, un orden donde los hombres sean agentes de su
propia historia. En primer lugar la paz solo se obtiene creando un orden nuevo
que permita el desarrollo integral del hombre y dé paso a condiciones más
humanas. En segundo lugar la paz se construye y es el resultado de un continuo
esfuerzo del hombre de adaptación a las nuevas circunstancias, a las exigencias
y desafíos de una historia cambiante. Una paz auténtica implica lucha,
capacidad de inventiva, conquista permanente. En tercer lugar la paz es fruto
del amor y expresión de una real fraternidad entre los hombre. El amor es el
arma de la justicia y allí donde la paz social no existe, donde se encuentran
desigualdades sociales, políticas, económicas y culturales, hay un rechazo al
Señor mismo. Se reafirma con fuerza la fe en la fecundidad de la paz y que la
violencia no es ni cristiana ni evangélica.Se afirma que los cambios
bruscos o violentos de las estructuras son ineficaces en sí mismo y no
conformes a la dignidad del pueblo. Los cambios deben ser realizados desde
adentro, desde la concientización y participación de todos.
El
cristiano debe entender y creer que la justicia es condición ineludible para la
paz y que en América Latina se encuentran situaciones de injusticia que pueden
llamarse de violencia institucionalizada, cuando a poblaciones enteras le falta
lo necesario e imprescindible para una vida digna. El documento pide a todos
los miembros del pueblo cristiano a asumir su responsabilidad en la promoción
de la paz en Latinoamérica y hace un llamamiento en primer lugar a los que
tienen una mayor participación en la riqueza, en la cultura y en el poder. A
todos los que no actúan a favor de la justicia con los medios de que disponen y
permanecen pasivos por temor a los sacrificios y riesgos personales. Finalmente
se hace un llamado a los que ponen su esperanza en la violencia aunque en su
motivación haya nobles impulsos de justicia y solidaridad en la certeza de que la
violencia engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y
provoca nuevas ruinas.
En las conclusiones pastorales el
Episcopado asume las responsabilidades que le competen para construir un orden
social justo por lo cual a los pastores de la Iglesia les corresponde educar
las conciencias, inspirar, estimular y ayudar a orientar todas las iniciativas
que contribuyen a la formación del hombre asumiendo también el deber de
denunciar todo aquello que, al ir contra la justicia, destruye la paz y
imbuidos por ese espíritu realizan una serie de recomendaciones en aras de
despertar las conciencias, defender los derechos de los pobres y oprimidos,
denunciar los abusos, procurar una formación crítica en colegios y
universidades, invitar a otras confesiones y comuniones cristianas a colaborar
en la tarea, alentar y favorecer el esfuerzo del pueblo por la formación de
organizaciones de base, urgir para que se detenga la carrera armamentista,
exigir el perfeccionamiento de la administración judicial, invitar a los
obispos y responsables de las diversas confesiones religiosas a que promuevan
en sus esferas de influencia una mayor solidaridad frente a las naciones
subdesarrolladas, denunciar la acción injusta de naciones poderosas contra los
pueblos débiles pidiendo medidas eficaces a los organismos internacionales
competentes. Finalmente alentar y elogiar las iniciativas y trabajos de todos
aquellos que , en los diversos campos de la acción, contribuyen a la creación
de un orden nuevo que asegure la paz en el seno de nuestros pueblos.
El Documento III referido a
Familia y demografía
Plantea los
factores que inciden en los cambios que va sufriendo la familia en América
Latina y las repercusiones que producen en la misma como al bajo índice de
nupcialidad que deriva en uniones ilegales, los nacimientos ilegítimos y de
uniones ocasionales, la creciente disgregación familiar ya sea por divorcio,
por uniones ocasionales, por abandono del hogar, serios problemas de vivienda,
mala distribución de los bienes de consumo, etc. La conferencia hace un llamado
a gobernantes para que den a la familia los recursos necesarios para superar
los graves problemas que la afligen. Exhorta a la Iglesia a fijar una acción
pastoral alrededor de tres áreas de formación y promoción: La familia como
formadora de personas, la familia como educadora en la fe y la familia como
promotora de desarrollo. En relación a la cuestión demográfica y la incidencia
de una complejidad de variables, advierte que la adopción de una política demográfica
antinatalista deja sin solución la causa de fondo que es la necesidad de
proveerlas de más recursos económicos, vivienda, etc. y refiere a la Enc.
Humanae vitae que plantea como necesidad imperiosa una respuesta enfocada en el
desarrollo y en la educación de las parejas favoreciendo el autodominio y el
rechazo de soluciones fáciles pero peligrosas. La Iglesia se compromete a
apoyar a las parejas que tratan de vivir el ideal que ésta propone y aconseja
apoyarse en la vida sacramental para alcanzar una progresiva maduración humana
y cristiana del matrimonio. Finalmente como pastores, se propone y compromete a
dar el ejemplo de abnegación personal y colectiva en la pobreza, el celibato,
en la paciencia y dedicación a los hombres, en la obediencia a la palabra de
Dios y en vivir la caridad hasta el heroísmo. En las orientaciones pastorales
se realizan varias recomendaciones para llevar adelante una pastoral familiar
como prioridad en la planificación de la Pastoral de conjunto la que debe
contemplar algunas metas como: la educación para el amor en adolescente que
sobrepase la simple educación sexual, la de facilitar la preparación para el
matrimonio con una mirada integral: física, psicológica, jurídica, moral y
espiritual inculcando la conciencia de una paternidad responsable, la de
elaborar una espiritualidad basada en una teología del matrimonio como
sacramento y la de favorecer la necesidad del diálogo conyugal que lleve a un
espíritu de corresponsabilidad y colaboración así como también entre padres e hijos
como forma de superar el conflicto generacional. Invita a hacer de la familia
una “Iglesia doméstica”: comunidad de fe, de oración, de amor, de acción
evangelizadora, escuela de catequesis.
Documento
IV referido a la Educación
Se le da una especial relevancia como factor decisivo para el desarrollo
integral del hombre. Hace referencia sobre todo a los sectores de marginados de
la cultura: los analfabetos y los indígenas y a la necesidad de capacitarlos
para que ellos mismos sean autores de su propio progreso respetando los valores
de su cultura. Describe los contenidos programáticos de la educación formal
como abstractos y formalistas los que, privilegiando el trasmitir, no habilitan
al desarrollo del espíritu crítico. Retomando las ideas expuestas en el
documento de la Justicia, denuncia a los sistemas educativos como orientados al
mantenimiento de las estructuras sociales y económicas imperantes más que a la
transformación y dice: “ Es una educación uniforme, cuando la
comunidad latinoamericana ha despertado a la riqueza de su pluralismo humano;
es pasiva, cuando ha sonado la hora para nuestros pueblos de descubrir
su propio ser, pletórico de originalidad; está orientada a sostener una
economía basada en el ansia de “tener más”, cuando la juventud
latinoamericana exige “ser más” en el gozo de su autorrealización, por el
servicio y el amor”. Señala la necesidad de democratizar la educación
universitaria ya que la Universidad ha conservado estudios tradicionales de
tiempo prolongado sin brindar alternativas de carreras o estudios de duración
intermedia adaptados a la realidad latinoamericana, así también con poca
apertura a la investigación y diálogo interdisciplinario. Y en concreto hacia
la Universidad Católica menciona la insuficiente instalación del diálogo entre
Teología y las demás ramas del saber aportando la luz del Evangelio para la
convergencia de los valores humanos en Cristo. Finalmente destaca que solo la
transformación de la educación puede ayudar a dar respuesta al reto del
presente y del futuro del continente, solamente una “educación liberadora” que
respete las peculiaridades nacionales, es el medio clave por el cual los
pueblos latinoamericanos puedan despenderse de las servidumbres y ascender a condiciones
de vida más humanas y dignas y enfatiza que la Iglesia de América Latina se
siente particularmente solidaria con todo esfuerzo educativo tendiente a
liberar a sus pueblos. En las orientaciones pastorales reafirma la idea de la
educación como la mejor garantía del desarrollo personal y del progreso social
y hace un llamado a los agentes responsable de la educación para que ofrezcan
las oportunidades educativas a todos los hombres para, y por medio de ella,
logren por sí mismos su integración en la sociedad con plenitud de
participación social, económica, cultural, política y religiosa. Recomienda
valorar a los educadores cuya misión es la transformación de la sociedad
realizando una preparación siempre actualizada, una buena formación sea confesional
o no, la selección y promoción del profesorado tomando la Iglesia como
responsabilidad, que se les retribuya convenientemente con todas las
prestaciones sociales y colaborando con ellos en sus justos reclamos.
Finalizando el documento se enfatiza que la actitud de la Iglesia en el campo
de la educación, no puede ser la de contraponer la escuela confesional a la no
confesional, la privada a la oficial, sino la de colabora en forma abierta y
franca coordinando entre ambas como deber post-conciliar según el nuevo
concepto de presencia de la Iglesia en el mundo.
El
Documento V referido a la Juventud
Describe las características de los
jóvenes del 68, idealista, que rechazaban con radicalismo el mundo que le han
preparado sus mayores, su falta de autenticidad, rechazaban la sociedad de
consumo que masifica y deshumaniza al hombre. Reclaman cambios profundos y
rápidos que garanticen una sociedad más justa corriendo el riesgo de acudir a
la violencia extremista para lograrlo. Jóvenes que tienen una mirada crítica
hacia los pastores y a su compromiso en relación al estilo de vida, rechazan
los valores de la tradición, desconocen realidades innegables que deben ser
aceptadas adoptando un inconformismo radical que los impulsa a crear todo de
nuevo con prescindencia del pasado. La Iglesia valora la vida de la juventud y
ve en ella la constante renovación y los invita a introducirse en la fe para
vencer “las filosofías del egoísmo, del placer, de la desesperanza y de la
nada”. La Iglesia se siente impulsada con los jóvenes a un constante
rejuvenecimiento y confía en el papel decisivo que tendrá en el proceso de
transformación del continente tanto como en su papel irremplazable en la misión
profética de la Iglesia. En sus recomendaciones pastorales manifiesta el deseo
de adoptar una actitud de diálogo con la juventud reconociendo en ella no sólo
su fuerza numérica sino también su papel cada vez más decisivo en el proceso de
transformación del continente. Para ello se propone desarrollar una auténtica
pastoral de la juventud que integre una pedagogía orgánica que brinde formación
humana y cristiana con el fin de forjar una personalidad que los capacite para
asumir la libertad con criterios lúcidos. Promover centros de investigación y
estudio para encontrar solución a los problemas del desarrollo. Así mismo, se
propone mostrar un rostro de Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual,
desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en liberación de
todos los hombres. En relación a los movimientos se propone favorecer el
intercambio y la acción en común de movimientos y organizaciones juveniles
católicos con otras instituciones priorizando las iniciativas de carácter
ecuménico.
Documento
VI sobre Pastoral Popular
Hace referencia a la realidad de América Latina
en la que cohabitan diferentes religiosidades, no solo deferencias entre un
país y otro, sino entre regiones de un mismo país y entre los diferentes
niveles sociales de una misma región. Sin embargo parecería que prevalece como
común denominador una religiosidad popular fruto de una evangelización
realizada desde el tiempo de la Conquista en la que perviven un sinnúmero de
devociones, votos y promesas, peregrinaciones y cuya expresión sacramental se
remite casi exclusivamente al bautismo y la comunión por sus claras
repercusiones sociales. Como criterio teológico se afirma que la fe se siembra
y crece en la religiosidad culturalmente diversificada de los pueblos y aunque
imperfecta, puede encontrarse en los niveles culturales más bajos. Le
corresponde a la Iglesia descubrir en esa religiosidad la “secreta presencia de
Dios”. Se hace énfasis finalmente en que la voluntad de Dios es que los hombres
se salven constituidos en comunidad y no es posible edificar ninguna comunidad
cristiana si ella no tiene por raíz y base la celebración de la Eucaristía. En
las recomendaciones pastorales el Documento anima a que en la diferentes
devociones se integre la palabra evangélica y que los santos, más que
intercesores, sean modelos de vida de imitación de Cristo buscando siempre
educar a los hombres para que sean co-creadores y gestores con Dios de su
destino. Anima también a la formación de comunidades eclesiales que deben
basarse en la Palabra de Dios y en la celebración eucarística pero también en
la vivencia de una misión común que de un sentido de la vida más en acuerdo con
las exigencias del Evangelio. Recomienda para la formación de estas
comunidades, que se ponga en vigencia el diaconado permanente y se convoque a
religiosos/sas, catequistas especialmente preparados y apóstoles seglares. Finalmente,
que se estimule las misiones basadas sobre todo en los núcleos familiares o de
barrios, que den un sentido de la vida más de acuerdo con las exigencias del
evangelio.
El
documento VII refiere a la Pastoral de las élites
Haciendo referencia a artistas,
profesionales de todas las ramas, estudiantes y docentes universitarios,
tecnólogos, empresarios, banqueros, políticos, militares y lo que ejercen el
poder judicial. Con el fin de realizar algunas recomendaciones pastorales los
clasifica en: conservadores o tradicionalistas, desarrollistas y
revolucionarios. Describe las características de cada categoría y luego como
serían las actitudes en relación a la fe de cada grupo, en los conservadores se
encuentra una separación entre fe y responsabilidad social. La fe es adhesión a
un credo y a principios morales. En los desarrollistas se percibe el impacto de
la desacralización debido a la mentalidad técnica y que desemboca en el
indiferentismo religioso o en una visión humanística que excluye la religión.
Los revolucionarios tienden a identificar unilateralmente la fe con la
responsabilidad social Tienen un sentido muy vivo de servicio para con el
prójimo a la vez que experimentan dificultades en la relación personal con Dios
trascendente en la expresión litúrgica de la fe. Se dan con frecuencia crisis
de fe y al mismo tiempo en relación a la Iglesia una crítica a determinadas
formas históricas y a manifestaciones de los representantes oficiales por sus
actitudes frente a lo social. Recomienda para estos ambientes una
evangelización que debe estar en relación con los “signos de los tiempos” los
que se expresan sobretodo en el orden social y constituyen un “lugar teológico”
e interpelaciones de Dios. El documento propone al final recomendaciones
pastorales de carácter general y para cada grupo en forma particular poniendo
como base en las generales la pedagogía la Revisión de Vida y la importancia
que tiene la vida sacramental y litúrgica vivida con la comunidad pero sobre la
base de una relación personal con Dios y de amor con el prójimo. Finalmente
propone prestar más atención a las pastorales especializadas en la formación
del clero.(ver Medellín conclusiones 7,16)
El
documento VIII referido a la Catequesis
Plantea de plano la necesidad de una
renovación catequética frente a un mundo que cambia y a un proceso de
maduración de la Iglesia en América Latina sin prescindencia de la religiosidad
popular, que es vivida por muchas personas con seriedad y autenticidad, ya que
ésta puede ser punto de partida para un anuncio de la fe. No obstante advierte,
se hace necesaria una purificación de aquellos elementos que la hagan
inauténtica rescatando y valorizando sus elementos positivos. Es un gran
desafío para los responsables de la catequesis que deben conjugar una serie de
tareas complejas pero teniendo presente que la renovación debe manifestar
siempre la unidad profunda que existe entre el proyecto salvífico de Dios
realizado en Cristo y las aspiraciones del hombre recomendando profundizar en
la comprensión auténtica de la verdad revelada. Al mismo tiempo la catequesis
no puede ignorar en su renovación los cambios económicos, demográficos,
sociales y culturales sufridos en América Latina. Entre las prioridades se
señala la necesidad de asumir las angustias y esperanzas del hombre de hoy a
fin de ofrecerle las posibilidades de una liberación plena y la riqueza de una
salvación integral en Cristo el Señor. Se vuelve a hacer énfasis en la temática
de la Justicia “América Latina vive hoy un momento histórico que la
catequesis no puede desconocer: el proceso de cambio social exigido por la
actual situación de necesidad e injusticia en que se hallan marginados grandes
sectores de la sociedad […] es tarea de la catequesis ayudar a la evolución
integral del hombre dándole su auténtico sentido cristiano”. Se hace un
llamado de atención hacia los medios de comunicación social como fenómeno que
avanza rápidamente y conduce a la cultura de la imagen como signo de los
tiempos que la Iglesia no puede ignorar. Se recomienda la formación de
orientadores catequista con dedicación exclusiva, la formación de catequistas
laicos originarios de cada lugar, la necesidad de proveerles una visión amplia
de las condiciones psicosociológicas del medio humano en el que han de trabajar
y de recursos de evangelización que han sido empleados así como la formación en
el ministerio de la Palabra de los diáconos. Finalmente exhorta a realizar un
trabajo de reflexión, orientación y evaluación en los diferentes aspectos de la
catequesis creando Institutos Catequísticos, equipos de trabajo en los que
dialoguen con diferentes actores especialistas con el fin de elaborar un
material pedagógico que tenga validez para cada caso y cada realidad.
El
documento IX refiere a Liturgia
Parte en su propuesta de la realidad plural en la que
se encuentra la renovación litúrgica luego del Concilio. Se enfatiza que el
gesto litúrgico no es auténtico si no implica un compromiso de caridad, un
esfuerzo siempre renovado por sentir como siente Cristo Jesús y una continua
conversión que nos lleve a la acción misionera y a las varias formas del
testimonio cristiano. “La celebración litúrgica corona e implica un
compromiso con la realidad humana, con el desarrollo y con la promoción,
precisamenteporque toda la creación está insertada en el designio salvador que
abarca la totalidad del hombre”. .Realiza recomendaciones al Obispo como
“gran sacerdote de su grey”, a las Conferencias Episcopales en su función
reglamentadora dentro de los límites establecidos que aseguren en cada
comunidad la fidelidad a la imagen eclesial, para lo cual desea que se les
confieran facultades más amplias en materia litúrgica, con el fin de poder
realizar las adaptaciones necesarias de acuerdo a las exigencias de cada
asamblea. Entre la sugerencias particulares se recomienda planificar e
intensificar una pastoral sacramental comunitaria. Se sugiere la celebración de
la Eucaristía en las comunidades de base, previa aprobación del obispo del
lugar, como herramienta pastoral así como también la celebración comunitaria de
la penitencia mediante una celebración de la Palabra porque contribuye a
resaltar la dimensión eclesial de este sacramento y hace más fructífera la
participación en el mismo. Finalmente se exhorta a buscar y dar contenido
litúrgico a las devociones populares “de modo que sean vehículos de fe y de
compromiso con Dios y con los hombres”.
El
Documento X refiere a los Movimientos de laicos
Retoma las características del
momento actual expresadas en el Documento de Justicia “desde el punto de
vista objetivo, una situación de subdesarrollo, delatada por fenómenos masivos
de marginalidad, alienación y pobreza, condicionada en última instancia por
estructura de dependencia económica, política y cultural […]. Destaca la importancia
creciente de los grupos y ambientes funcionales como lugares de toma de
decisión en el proceso de cambio social. Anima a los movimientos de laicos a
aceptar el desafío de un compromiso de presencia, adaptación permanente y
creatividad que de alguna manera se fue perdiendo por haberse aferrado
indebidamente a estructuras demasiado rígidas o al desconocimiento de su
legítima autonomía, así como a la falta de asesores debidamente preparados para
las nuevas exigencias del apostolado de los laicos. Se valora no obstante, su
presencia en muchos ambientes y su acción efectiva y notoria a pesar de los
obstáculos y las crisis. Se reconoce como lo típicamente laical su compromiso
con el mundo asumiendo tareas de promoción humana en la línea de un determinado
proyecto social que en el momento presente es la necesidad de humanización y
desarrollo. También se destaca que los laicos están llamados por Dios “para
que desempeñando su propia profesión, guiados por el espíritu evangélico,
contribuyan a la santificación del mundo desde dentro a modo de fermento…” Sugiere
que los laicos cumplirán más cabalmente con su misión de hacer que la Iglesia
“acontezca” en el mundo si se apoyan en comunidades de fe. Como recomendaciones
pastorales se sugiere promover la creación de equipos apostólicos o de
movimientos de laicos en los ambientes o estructuras funcionales donde se
elaboran planes y se toman decisiones que competen a la sociedad que pertenecen
para lo cual se les dotará de una pedagogía basada en el discernimiento de los
signos de los tiempos en la trama de los acontecimientos. Así mismo ayudarlos a
partir de su experiencia de compromiso con el mundo, a entregarse a Dios en el
servicio de los hombres enseñándoles a descubrir el sentido de la oración y de
la liturgia como expresión y alimento una doble y recíproca entrega. Como
moción final de este documento se pide al CELAM “proceda a realizar une
estudio en colaboración con los laicos de diversas naciones acerca de la
posibilidad, oportunidad y forma de crear un consejo semejante en el plano
regional latinoamericano, para disponer de una adecuada plataforma de
encuentro, estudio, diálogo y servicio a nivel continental”.
El
Documento XI está dirigido a los sacerdotes
Con el propósito de contribuir y
orientar la renovación sacerdotal en la hora compleja que está viviendo América
Latina. Se hace mención a diversas situaciones de realidad y a la mala
distribución de los sacerdotes que se acumulan en zonas desarrolladas y están
ausentes en regiones más necesitadas. Advierte de los peligros que conlleva la
apertura al mundo con el riesgo de caer en un debilitamiento de la vida
espiritual que conjuntamente con un exacerbamiento del erotismo en el medio
ambiente pone en riesgo el sostener la vida de celibato. Por otro lado llama la
atención a cierta superficialidad en la formación que genera inseguridad doctrinal
ante los avances de las ciencias antropológicas y de las ciencias de la
Revelación en los que muchos presbíteros no poseen la necesaria información, la
tendencia a desconfiar de las estructura históricas de la Iglesia que llevan al
menosprecio de todo lo institucional pero también por las nuevas exigencias de
la misión, por la mayor sensibilidad al orden de los valores que al de las
normas se puede cuestionar la autoridad y caer en una crisis de obediencia. Al
señalar elementos para la reflexión pastoral destaca la importancia para los
sacerdotes de no descuidar la triple función del sacerdocio de Cristo como
Profeta, Liturgo y Pastor. Enfatiza la necesaria relación de cercanía que debe
existir entre obispos y presbíteros los que deben saber convivir y actuar
unidos en la solidaridad de una misma consagración. Subraya como de particular
importancia que la “consagración” sacerdotal es conferida por Cristo en orden a
la “misión” de salvación del hombre lo que debe redundar en una preocupación
por poner sus preocupaciones ministeriales al servicio del mundo. De cara a
colaborar por acelerar el proceso de desarrollo debe procurar, por la palabra y
la acción apostólica, dar sentido de liturgia espiritual a todo quehacer
temporal, incorporándolo vitalmente en la celebración de la Eucaristía. En
relación al orden económico y político formará a los laicos para participar con
conciencia cristiana en la técnica y elaboración del progreso pero, enfatiza,
no le incumbe al sacerdote ni la decisión, ni el liderazgo ni la estructuración
de soluciones. Recomendaciones: Los exigencias de los nuevos tiempos vinculado
con su acción ministerial solo podrá sostenido por una profunda y permanente
vida de fe, solo podrá ser maduramente evaluada la realidad llevando una vida
de oración y de encuentro con Dios en el día a día. También recomienda una
mejor distribución de los sacerdotes tanto en lo cuantitativo como en lo
cualitativo. Resalta la importancia de los “Consejos Pastorales” como
instrumentos de la renovación de la Iglesia a partir del Concilio en su acción
de Pastoral de conjunto y por otro lado la necesidad de asimilar con
profundidad las grandes orientaciones teológicas del concilios y los
principales progresos de las ciencias de la Revelación. Destaca la importancia
de lograr un sistema de sustentación para los presbíteros que evite toda
apariencia de lucro en relación con lo sagrado y distribuya los bienes
equitativamente. Finalmente realiza un saludo a los presbíteros, ofrece ayuda a
los que están en crisis luego de años de fidelidad y abnegación pidiendo que no
se alejen del contacto íntimo y confiado con Cristo que no nos considera
siervos sino amigos, finalmente a los presbíteros que como resultado de una
crisis se han alejado, y que solo a Dios corresponde juzgar, se le ofrece la
ayuda en la medida de las posibilidades.
El
Documento XII está dirigido a los Religiosos
En el inicio les confirma su misión
profética como testigos escatológicos entregando su vida al servicio de Dios
con el compromiso de vivir con mayor intensidad el ser testigo de la “Ciudad de
Dios”. Invita al religioso a encarnarse en el mundo real con mayor audacia que
otrora pero sin instalarse en lo temporal a riesgo de enfriamiento de la fe y
de la caridad. El religioso ha de ser signo de que el Pueblo de Dios, no tiene
una ciudadanía permanente en este mundo sino que busca la futura. Su testimonio
es existencial y debe ser signo de la santidad trascendente de la Iglesia. Así
mismo hace referencia a la vida religiosa contemplativa quienes con su vida de
fe y abnegación invitan a una visión más cristiana del hombre y del mundo.
Recomienda a ambos tipos de consagración requieren un íntimo trato con Dios a
través de la oración personal y de la celebración de la Eucaristía. Invitan a
una revisión sería de y metódica de la vida religiosa y de las estructuras de
la comunidad para adaptarse a las concretas realidades del momento. Señala así
mismo otro punto conflictivo intrainstitucional que tiene que ver con lo
intergeneracional generando un conflicto entre un sistema de normas y otro de
valores a los que ya no se le da un carácter absoluto y genera inseguridad en
los sectores más jóvenes y más aún en los adultos que finalmente producen
abandonos de la vida religiosa para lo cual es necesario mantener un espíritu
de comprensión fraterna que facilite al máximo el reajuste sicológico y social
de quienes dejan sus Institutos. Por otro lado, pero también en la misma línea
de diferencias generacionales, la integración de la vida apostólica en la vida
misma de los institutos religiosos advierte que está tomando características
dramáticas en América Latina. Para enfrentarlas se recomienda desarrollar y
profundizar una teología y una espiritualidad de la vida apostólica tomando
conciencia de los graves problemas sociales de vastos sectores del pueblo en
que vivimos además de una vasta y profunda formación teológica. Invita a integrar
a la pastoral de conjunto a las Congregaciones religiosas de acuerdo con el
carisma y las finalidades específicas de cada Instituto. Por otro lado valora
aquellos que manteniendo su condición laical se han consagrado al Señor en la
Vida Religiosa o en los Institutos Seculares.
El
documento XIII se refiere a la Formación del clero
Como instrumento fundamental de
renovación de nuestra Iglesia y de respuesta a las exigencias religiosas y
humanas de nuestro continente. Se hace una puesta a punto de la realidad del
Diaconado, de los seminaristas y de los seminarios cada uno con sus
características particulares y con los conflictos propios que generan los
cambios de valores o posturas ante la realidad concreta de América Latina.
Dentro de las orientaciones pastorales se hace énfasis en la formación
espiritual, en la formación para poder interpretar, comprender (con la ayuda de
laicado) y juzgar la realidad a la luz del plan salvífico de Dios. Se reafirma
a partir del Concilio Vaticano II la vigencia del celibato siendo su motivo
principal la entrega a Cristo para lo cual se requiere que se le dé a los
seminarista bases sólidas para vivirlo gozosamente en la plenitud del amor.
Reafirma la importancia de la disciplina y la fundamenta, la necesidad de
profundizar en los estudios para que alcance un alto nivel intelectual que
permita al mismo tiempo la investigación de las diferentes realidades de
América Latina, tanto en los aspectos religiosos, sociales, antropológicas y
psicológicas. Es indispensable brindarles a los seminaristas una formación base
sobre Pastoral de conjunto, una preparación para la iniciación y asistencia de
las Comunidades de base, una formación en dinámica de grupos y relaciones
humanas y en la utilización de los medios de comunicación social. Es importante
promover en los seminarios una reflexión continua sobre la realidad para que
sepan interpretar los signos de los tiempos y la creación consecuente de una
mentalidad pastoral adecuada a ellos. En relación al Diaconado resalta la
importancia de su formación personalizada evitando todo tipo de formación
masiva, capacitarlos para crear nuevas comunidades cristiana o para alentar las
existentes, suscitar una espiritualidad diaconal propia que en los casados se
debe conjugar con una auténtica espiritualidad conyugal.
Documento
XIV refiere a la Pobreza de la Iglesia
Vuelve a reiterar los conceptos
expuestos en el Documento de Justicia. “Un sordo clamor brota de millones de
hombres, pidiendo a sus pastores una liberación que no les llega de ninguna
parte” y toma palabras del Papa a los campesinos de Colombia “Nos estais
escuchando en silencio, pero oímos elgrito que sube de vuestro sufrimiento”.
Menciona la idea generalizada de que la Iglesia en América Latina es rica
cuando la realidad es que muchísimas parroquias y diócesis son extremadamente
pobres y un sinnúmero de obispos, sacerdotes y religiosos viven una serie de
privaciones y se entregan con gran abnegación al servicio de los pobres.
Diferencia la pobreza como carencia de los bienes de este mundo denunciada por
los profetas como contraria a la voluntad de Dios y como fruto de la
injusticia, de la pobreza espiritual que es la actitud de apertura a Dios, la
disponibilidad de quien todo lo espera del Señor. De aquel que valoriza los
bienes de este mundo pero no se apega a ellos sino que reconoce el valor
superior de los bienes del Reino. Todos están llamados a la pobreza evangélica
aunque no todos de igual manera sino de acuerdo a los diferentes carismas pero
todos son invitados a responder con diligencia y audacia a la urgencia de los
tiempos, la pobreza de tantos hermanos clama justicia, solidaridad, compromiso
y esfuerzo en la misión salvífica encomendada por Cristo. Cristo que siendo
rico se hizo pobre vivió en la pobreza, centró su misión en el anuncio a los
pobres en su liberación y fundó su Iglesia como signo de esa pobreza entre los
hombres. En sus orientaciones pastorales invita a todos los hombres: pastores y
demás miembros del pueblo de Dios, a ser coherentes con las exigencias
evangélicas tanto en las palabras, actitudes y acciones para responder a las
necesidades de los hombres latinoamericanos. Alienta a los que se sientan
llamados a compartir la suerte de los pobres viviendo con ellos y aun
trabajando con sus manos de acuerdo con el Decreto Presbyterorumordinis, a los
que quieran forma pequeñas comunidades encarnadas en los ambientes pobres y
hace otra serie de recomendaciones en relación al servicio y a alentar en
América Latina la necesidad de ser servidora humilde de los hombres.
Documento
XV refiere a la Pastoral de Conjunto
Donde nuevamente hace un llamado a la
Iglesia a afrontar y luchar contra las estructuras inadecuadas e injustas que
impiden a muchos alcanzar la plena dimensión de su destino y proponer
estructuras pastorales aptas marcadas por el signo de la unidad. Se resaltan
como elementos positivos la conciencia de tener una Pastoral de Conjunto y una
Planificación pastoral, la celebración de Sínodos, de Consejos presbiteriales y
pastorales propiciados por el Concilio, el deseo de participación de los laicos
en estructuras pastorales de la Iglesia y la importancia de la existencia del
CELAM. Y como de signo negativo: la inadecuación de las estructuras
parroquiales tradicionales, la burocracia de los organismos diocesanos, la
desazón de muchos sacerdotes y laicos que no encuentra un lugar claro y
satisfactorio en la estructura pastoral, etc. Luego subraya la necesidad de
tomar inspiración en dos ideas directrices del Concilio: la de comunión y la de
catolicidad que habilita la inclusión y en su multiplicidad de funciones
específicas, exige la integración de diferentes actores de la comunidad. En las
orientaciones pastoraleshace un
apartado para las comunidades cristianas de base, para las parroquias, para la
diócesis, para las conferencias episcopales, para los organismos continentales
como el CELAM y finalmente describe las exigencias de la Pastoral de conjunto.
Destacando que en América
Latina éstos son uno de los factores que más han contribuido y contribuyen a
despertar la conciencia de grandes masas sobre sus condiciones de vida,
suscitando aspiraciones y exigencias de transformaciones radicales y al mismo tiempo
actuando como agentes positivos de cambio por medio de la educación por ello la
Iglesia los recibe con mucha alegría y como ayuda providencial en la esperanza
de que contribuirán a la promoción humana y cristiana del continente. Hace una
enumeración de todas las ventajas que conlleva su utilización y finalmente
realiza las recomendaciones pastorales y en primer término convoca a la Iglesia
a utilizarla y estar presente con una pastoral dinámica.
Compilación: Nicolás Santander

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